Todo este convenio de alguna forma fue producto un poco de la mofa, la ironía y de la risa.
Con el transcurrir de los años resultó que uno de los amigos falleció, para sorpresa del colega, que había olvidado la apuesta, entonces cuentan y dan testimonio en el pueblo de que el amigo muerto regresó del más allá como se había condicionado en el pacto, para hacerle cosquillas en los pies al compañero, todas las noches, eternamente.
Desesperado el compañero que se había quedado rezagado en esta vida, buscó toda oportunidad para evadir el sueño y desde ese entonces contaban en el pueblo que a la media noche, se oía el caminar atormentado de un sonámbulo o la risa incesante y explosiva, después de oírse un cosquilleo.
Hay quienes aseguran, que en el parque Calderón, hasta estos días, hay noches que se encuentra a un hombre misterioso, angustiado y con profundas ojeras, que evita a toda costa conciliar su sueño, o caso contrario, se oye hasta en las últimas casas del pueblo el sonido interminable de una risa, que se confunde con el llanto.